Los Gnomos de Moncayo

Los gnomos de moncayo- Gustavo adolfo bequerLos gnomos de moncayo- Gustavo adolfo bequer

Gustavo Adolfo Bécquer nació en Sevilla en 1838 y falleció en Madrid en 1870. Sus poesías líricas y sus leyendas ejercieron gran influencia en España. Alcanzó amplia popularidad y la crítica le reconoce valores superiores a la mayoría de los poetas románticos.

Dicen los libros de geografía que el Moncayo es un macizo montañoso del sistema ibérico en España, que se extiende por las provincias de Zaragoza y Soria. Su punto culminante alcanza los 2313 m de altura, y de sus laderas descienden algunos afluentes del Jalon y del Ebro. La visión que de esta montaña tuvo el poeta Gustavo Adolfo Bécquer es, sin embargo mucho más sugerente  que la que nos ofrecen los geógrafos.

Veamos un pasaje de los Gnomos de Moncayo de Gustavo Adolfo Bequer:

Cuando el Moncayo se cubre de nieve, los lobos, arrojados de sus guaridas, bajan en rebaños por su falda, y más de una vez los hemos oído aullar en horroroso concierto, no sólo en los alrededores de la fuente, sino en las mismas calles del lugar; pero no son los lobos los huéspedes más terribles del Moncayo: en sus profundas cimas, en sus cumbres solitarias y ásperas, en su hueco seno, viven unos espíritus diabólicos que durante la noche bajan por sus vertientes como un enjambre, y pueblan el vacío, y hormiguean en la llanura, y saltan de roca en roca, juegan entre las aguas o se mecen en las desnudas ramas de los árboles.

Ellos son los que aúllan en las grietas de las peñas; ellos los que forman y empujan esas inmensas bolas de nieve que bajan rodando desde los altos picos y arrollan y aplastan cuanto encuentran a su paso; ellos los que llaman con el granizo a nuestros cristales en las noches de lluvia y corren como llamas azules y ligeras sobre el haz de los pantanos. Entre estos espíritus que, arrojados de las llanuras por las bendiciones y los exorcismos de la Iglesia, han ido a refugiarse a las crestas inaccesibles de las montañas, los hay de diferente naturaleza y que al parecer a nuestros ojos se revisten de formas variadas. Los más peligrosos, sin embargo, los que se insinúan con dulces palabras en el corazón de las jóvenes y las deslumbran con promesas magníficas, son los gnomos.

Los gnomos viven en las entrañas de los montes; conocen sus caminos subterráneos, y, eternos guardadores de los tesoros que encierran, velan día y noche junto a los veneros de los metales y las piedras preciosas. ¿Veis? -prosiguió el viejo señalando con el palo que le servía de apoyo la cumbre del Moncayo, que se levantaba a su derecha, destacándose oscuro y gigantesco sobre el cielo violado y brumoso del crepúsculo-, ¿veis esa inmensa mole coronada aún de nieve?, pues en su seno tienen sus moradas esos diabólicos espíritus. El palacio que habitan es horroroso y magnífico a la vez.

Los Gnomos de Moncayo